Posteado por: Perico | 6 julio 2013

Fauna Faunera: Para Todo Hay Una Primera Vez

Me llaman: Perico, tengo un murciélago en el cubo de la colada… Veo la foto por el WhatsApp y me pregunto cómo diablos voy a lidiar con un ser tan pequeño, poco más grande que la mitad de mi dedo índice. El servicio de recogida de fauna silvestre no aparecería hasta la mañana siguiente y tampoco sabíamos en qué estado el animal había llegado al sitio: si por enfermedad, despiste, cansancio o a saber qué… ¿aguantaría hasta el día siguiente?

Pequeño y a la Vez Grande

El visitante en el cubo de la colada

Con el fin de hacer un uso eficiente del susodicho servicio público, también era interesante ver hasta qué punto este pequeño ser no podía buscarse buenamente la vida por sí mismo, así que decidimos esperar hasta la noche a ver si se revivía. En aquel momento, con sus finos brazos, lo único que hacía era cubrirse la cara y de vez en cuando mover alguna oreja.

Estuve consultando la web y haciendo alguna llamada con el fin de ver cómo hay que tratar con estos animalejos con el fin de causarles el menor estrés posible y, llegado el momento, ya no era una cuestión de adoptar las medidas oportunas por si me mordía o no me mordía, era una cuestión de cómo manejarlo con el fin de no causarle una lesión en sus frágiles y ligeros huesecillos ni en su membrana.

Llegada la noche el señor murciélago parecía revivirse y volverse bastante activo, así que esto me quitó un gran peso de encima porque entendí que era señal de que habían esperanzas para el vuelo. Dándole vueltas a la cabeza sobre cómo cogerlo y ponerlo en algún lugar del balcón desde el que él pudiera atraverse a lanzarse al vacío, hice un par de movimientos suaves en el contenedor donde se encontraba. En un parde ocasiones desplegó las alas con energía y las volvío a recoger. Observé que debajo de la membrana de sus alas asomaba algo como un muñón y lo primero que pensé fue… ¡mierda! ¡está lesionao! Y pensando en el peor de los futuros vi que el supuesto muñón se movía… no di crédito a lo que veía… con ese ser tan pequeño había otro todavía más pequeño, probablemente un tercio o menos de mi dedo índice… ahí me di cuenta de que no estaba ante señor murciélago sino ante señora murciélaga… había un retoño que parecía un “chimpa” en chiquitín ¡increíble! En ese mismo momento comencé a sudar porque si antes lo tenía complicado ahora ni os cuento… como dicen en mi pueblo… éramos pocos y parió la burra.

El pequeño parecía estar cogido a la madre como si estuviera mamando y, tras unos segundos de tan bonito espectáculo, en un rápido movimiento, la madre lo volvió a acurrucar entre sus alas ¿Cómo manejar a la pareja sin lesionarla? ¿Cómo manejar a la pareja sin causar la estampida de la madre dejando el pequeño en tierra? ¿Cómo manejar a la pareja sin lesionar a ninguno de los dos? Me decidí a intentarlo al menos por una vez y si no esperaríamos al día siguiente para que pasasen a recogerlos.

Había estado leyendo que necesitan cierta altura para dejarse caer y coger vuelo… piensa Perico… Me quedé mirando una toalla y… ¡ya está! Arrimaría la toalla a la madre con la intención de que trepase por ella. Si esto ocurría, los llevaría en la toalla hasta el borde del balcón y a ver qué pasaba… Conforme la toalla entro en contacto suavemente con ellos, madre murciélaga comenzó a emitir unos sonidos parecidos a los de un pequeño roedor. A los pocos segundos se agarró al borde de la toalla y comenzó a trepar ¡perfecto!

Mientras señora murciélaga seguía trepando con su retoño bien cogido a su abdomen, fui depositando la toalla en el ancho borde de la barandilla. En cuanto el pequeño ser llegó al borde no tardó mucho en abalanzarse sobre la ropa que había colgada para secarse y de ahí, apoyándose en la cuerda, saltó al vacío… y comenzó a volar con energía… Tras el soplo de alivio vino la sonrisa de ver cómo el animal comenzaba a revolotear sobre los tejados de las casas y, después de varios vuelos por el lugar, desapareció en la oscuridad de la noche. Ahora tan sólo quedaba llamar al servicio de recogida para decir que había habido un final feliz.

Es una pena no tener fotos ni vídeos del momento pero son imágenes y vivencias de esas que se quedarán para siempre en nuestros corazones.

Hasta pronto y que os vaya genial.

 

 

 

 

Os dejo tres enlaces sobre murciélagos, muchas veces, esos grandes desconocidos a pesar de tenerlos tan cerca y tan amenazados:

  • Murciélagos en la Wikipedia.
  • Asociación Española para la Conservación y Estudio de los Murciélagos – SECEMU.
  • Beneficios Ambientales de los Murciélagos.
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Responses

  1. Socio, lo que no te pase a ti con los animalicos, no le pasa a nadie. Ya imagino tu “comida de tarro” para ver como salvabas la situación.
    Apuntate ésta en la agenda, Batman te debe un favor, jajaja.
    Un abrazo muy grande.

    • Socio, una movida, veo que ya te lo puedes imaginar… Con “bichos grandes” no me da tanto reparo pero con estas cosas tan pequeñas y delicadas… hay que tener pulso de cirujano tío.

      Un abrazo y gracias por tus palabras.

    • Por cierto, ayer fueron caracoles… 😀

  2. Qué historia tan bonita… Casi como un cuento. Y con final feliz.

    La que hace años viví con un murciélago pequeño fue mucho más fácil, porque sólo tuve que protegerlo en una caja unas horas, después de que entrara en casa completamente aturdido, y allí se quedó hasta que cayó la noche. Lo saque con mucho cuidado al borde de la ventana (qué suaves son, por cierto) y también levantó el vuelo. Menudo alivio.

    Pero la tuya con esa mamá murciélago y el peque es increíble. Tengo todavía una sonrisa de oreja a oreja.

    Enhorabuena por el rescate 🙂

    • Hola María:

      ¿Llegaste a tocar el murciélago? Yo los veo tan frágiles que no sé por dónde comenzar y más teniendo que controlar que no te sacudan “bocao” 😀

      Por cierto, me encanta que te haya arrancado una sonrisa el asunto.

      Sé feliz allí donde estés.

      ¡Hasta pronto!


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