Posteado por: Perico | 20 noviembre 2010

Ecologistas y Filetes: Un Matrimonio Complicado.

Mis contactos con gente que se considera ecologista, o al menos, implicada en mayor o menor medida en la defensa de eso que conocemos como medioambiente, viene siendo algo habitual. Después de cinco años con una dieta a más del 99% vegetariana, ese pequeño 1%, o menos, apunta a aquello de allí donde fueres haz lo que vieres, no sólo he podido descartar toda la leyenda urbana sobre aquello de la falta de vitaminas, las famosas proteínas y del padecimiento de incontables enfermedades, sino que mis convicciones sobre lo que hago se han vuelto más firmes (algo que algunos considerarán como una radicalización o todavía un mayor fundamentalismo en mi intento de entender el mundo). Resumiendo, que me atrevería a decir que aquello que me llevo a la boca, me ha hecho ser más “consciente” del mundo en el que vivo y en cómo me relaciono con él. Y es por ello por lo que, cuando estoy con la gente que comentaba al principio, no acabo de entender el porqué los filetes o derivados siguen formando parte de su dieta habitual. Es más, alguno de ellos me ha llegado a decir que “no puede pasar sin su filete o su jamón” (por decir algo, eso sí, luego rajan de que si se come mucha soja y de que por culpa de ella se deforesta, cuando es más que sabido que buena parte de esa producción se dedica para alimentar a los pollos que se comen y lamentablemente se encuentran, la inmensa mayoría de ellos, hacinados en esos campos de concentración conocidos como “granjas”).

Para algunos esto puede ser considerado una provocación, un puesta del dedo en la llaga, un desvarío o simplemente un disparate, incluso quizás me puedan soltar una fresca, pero en fin, nadie es perfecto y ya hacemos bastante con intentar que haya una relación entre lo que decimos y hacemos. No es nada nuevo el que para muchas organizaciones medioambientales, y no medioambientales, sea al algo complicado el encontrar voluntarios, que no socios, por lo que si encima implantas este tipo de exigencia, puede que tengamos que decir: apaga y vámonos. La imposición mal final tiene, pero con lo tiempos que corren, ha llegado el momento de que muchos de esos que dicen o piensan estar comprometidos por el medioambiente, comiencen a reducir de manera drástica el consumo de carne (de lo cual yo personalmente no excluiría el pescado). Puede que una reducción del 90% sea ambiciosa, pero el esfuerzo necesario para reparar todos los daños que estamos causando al planeta lo es más. Está muy bien eso de luchar contra los poderes fácticos, las grandes petroleras, la industria petro-química, etc., pero el cambio empieza por nosotros mismos y lo que nos llevamos a la boca ¿Tendrá algo que ver la cita aquella de “eres lo que comes”?

Os dejo unas líneas que Laura Pérez escribió ya hace un tiempo sobre el asunto en una publicación de interés medioambiental:

Quizás pensemos que los humeantes coches, camiones, aviones y demás medios de transporte ocupan el primer puesto entre los causantes del cambio climático por sus elevadas aportaciones de CO2 a la atmósfera. Pues no es así: nuestros hábitos alimentarios son más contaminantes, es decir, el elevado consumo de carne en buena parte del planeta. Cerca de un tercio de la tierra dedicada a la agricultura se dedica a cultivar granos para pollos, ovejas, vacas, cerdos, animales que inundan nuestros platos cada día. Pero además tenemos que tener en cuenta que el ganado es una fuente importante de gases de los que se habla menos que el ya famoso CO2. De hecho, el metano y el óxido nitroso contribuyen respectivamente entre 23 y 300 veces más al cambio climático que el CO2, y el ganado emite el 37% de metano y el 65% de óxido nitroso. Una sola vaca produce 100 litros de metano al día.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la industria cárnica supone el 18% de emisión de gases de efecto invernadero, frente al 13,5% de responsabilidad de vehículos y transportes. Mil litros de combustible fósil se necesitan para el consumo cárnico anual de una familia de cuatro miembros, lo que implica 2,5 toneladas extra de CO2 a la atmósfera (lo mismo que un coche en 6 meses). Según el informe de Greenpeace Agricultura y cambio climático,”las ganaderías vacuna y ovina tienen un elevado impacto sobre el cambio climático”. Cada kilo de vacuno producido, por ejemplo, genera 13 kilos de emisiones de carbono; en cuanto al kilo de cordero, genera 17 kilos de emisiones”. Y si contamos el agua que requieren, ahí va otro dato espeluznante: para producir un kilo de carne se necesita una media de 8.000 litros de agua. Así que ser vegetariano, o menos carnívoro, no es sólo una opción nutritiva o ética sino ecológica.

 

P.D. Origen de la foto: aquí.

Compartirlo


Anuncios

Responses

  1. Bueno, no cuesta nada ser vegetariano, y si no se quiere ser vegetariano, al menos que se dediquen varios días de la semana al planeta reduciendo el consumo de carne y pescado. Yo lo hago del siguiente modo. En casa como vegetariano, toda la semana, si salgo invitada a alguna casa, como lo que me ponen, si voy a un restaurante pido lo que me apetece como un auténtico lujazo, eso sí, evito la carne a toda costa, no recuerdo cuando fue la última vez que comí un filete…ni de pescado, ni de carne. No soy 100% vegetariana, pero creo que soy muchísimo más sostenible que antes, porque paso meses enteros siendo vegetariana y me lo salto en muy contadísimas ocasiones, es una buena manera de empezar el cambio hasta que un día se haga definitivo. En esto influye mucho el vegetariano de mi marido, que este sí que cumple como un valiente. Por cierto, la comida vegetariana está deliciosa, sabrosa, riquísima!!

  2. Se me olvidaba, 1000.

  3. Pensaba que el ecologismo no tenía que ir paralelo con la alimentación, al menos es lo que decíamos antes, aunque sería mejor que fueran a la vez. Siempre he creído que el vegetariano, no come pescado, carne ni huevos, los lacto-ovo-vegetarionos si incluyen el huevo en su dieta. Tienes toda la razón, que hay gente que presume de ser “naturista” es más genérico, asi incluyen la comida, pero en resumidas cuentas no son na, al menos es lo que pienso.
    En cuanto al “mito” de que si se es vegetariano, se tiene carencias, sinceramente que para nada, tu mismo tienes la prueba que estás muy sano.
    Por mi parte decir que a mi hija la crie vegetariana, hasta que fue el cole y no se lo que es tener la niña una diarrea, ni devolver núnca, en fin que se crio muy sana.
    Si se está convencido de la alimentación naturista, sinceramente aplaudo la idea, y considero que se come muy bien y muy rico, hay sitios vegetarianos que hacen cosas muy buenas.
    En casa, se come poca carne, pero si pescado, creo que si me lo propusiera el cambiar no me costaría mucho.
    Desde luego por lo poco que te conozco (en persona sólo un rato), te admiro, por tu forma de ser y de pensar.

    • Hola Carmen, ecologismo y alimentación deberían haber ido de la mano desde el principio del movimiento o al menos así lo entiendo yo. Para empezar hay ecologistas que separan perfectamente la ecología del tema de defensa animal (aclaro más abajo)… Independientemente de ello, en este país, en el momento que defiendes cualquier postura de los animalitos o de las plantitas, enseguida te cascan “el ecologista”.

      En los inicios del movimiento ecologista eran otros tiempos, otras formas de pensar y los problemas se enfocaban de manera diferente. Si no recuerdo mal, el movimiento ecologista empezó por allá por los 60 y en aquella época, a pesar de que ya se hacían malezas varias, todavía no habíamos desbordado la capacidad del planeta.

      Para bien o para mal la vida evoluciona y con ello el discurso ecologista debe adaptarse a los tiempos que corren. Hoy vivimos en un planeta abarrotado de humanos, consumiendo recursos a una velocidad que el planeta ya no es capaz de reponer y con una capacidad de transformación a nivel global que no tiene parangón (de hecho mira lo que estamos haciendo con el clima, entre otras cosas).

      Por todo ello e independientemente de si el consumo de carne es algo poco ético o no, lo que está claro es que estamos vaciando los océanos y consumiendo una cantidad tremenda de recursos para llevarnos un filete a la boca. Resumiendo, nosotros devoramos filetes y estos filetes devoran los ecosistemas, con lo cual, todo aquel que se considere un defensor de los ecosistemas, valga la redundancia, tanto terrestres como marinos, ya sabe a lo que se debe atener.

      Espero haberme explicado y no haberte aburrido. Gracias por tus palabras.

      Bona nit.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: